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El amor no es ciego. Uno es el que decide no ponerse las gafas
Hace poco vi una foto de alguien que años atrás me había parecido absolutamente irresistible y tuve una reacción que me preocupó: acerqué la pantalla, la alejé, volví a mirarla y pensé: ¿en serio? No quiero ser injusto porque seguramente esa persona podría hacer exactamente el mismo ejercicio conmigo y terminaríamos empatados. Pero me pareció fascinante comprobar que alguien que en determinado momento tuvo iluminación celestial, cámara lenta y banda sonora incluida, hoy podía aparecer frente a mis ojos como lo que siempre había sido: un ser humano completamente normal. Ahí recordé que enamorarse tiene efectos visuales. Cuando uno está enamorado, Bogotá no está gris por la contaminación sino cubierta…
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Estar solo y estar disponible no son la misma cosa
Durante mucho tiempo pensé que la gente empezaba una relación el día que conocía a alguien. Hoy creo que las relaciones empiezan mucho antes. Empiezan el día en que uno vuelve a estar disponible. Y no estoy hablando del estado civil. Estoy hablando de otra cosa. Hay personas que llevan años solteras y siguen profundamente ocupadas con alguien que ya no está. También existen quienes tienen toda la intención de enamorarse, salen a citas, descargan aplicaciones, responden mensajes y, aun así, no dejan entrar a nadie porque todavía están ocupados resolviendo conversaciones viejas, decepciones antiguas o expectativas que nunca se cumplieron. Uno cree que está buscando pareja cuando, en realidad,…
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Las peores citas de mi vida siempre fueron con las personas que más me gustaban
Hay algo profundamente injusto en las primeras citas. Uno pasa años aprendiendo a conversar, a hacer reír a la gente y a desenvolverse con naturalidad… hasta que aparece alguien que realmente le interesa. Ese día, todo ese entrenamiento desaparece como por arte de magia. No sé si sea ansiedad, exceso de entusiasmo o una extraña necesidad de impresionar. Lo único que sé es que, cuando alguien de verdad me gustaba, mi cuerpo parecía entrar en modo sabotaje. Me volvía torpe. Derramaba la copa de vino, decía cosas que no quería decir o me quedaba pensando tanto en la siguiente frase que dejaba de escuchar la conversación. Era como si una…
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El problema de volver con un viejo amor es que uno nunca vuelve con la misma persona
Siempre me ha parecido sospechosa esa frase de «el amor de mi vida». No porque no exista, sino porque casi siempre la pronunciamos muchos años después, cuando la memoria ya hizo lo suyo y empezó a borrar las partes incómodas de la historia. La memoria es tramposa. Tiene la mala costumbre de dejar los besos, las risas y los momentos felices intactos, mientras va desgastando las discusiones, las incompatibilidades y todas esas razones por las que, precisamente, la relación terminó. Con el tiempo uno deja de recordar a la persona y empieza a recordar la versión editada de esa persona. Hace unos días pensé mucho en eso por culpa de…
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La última vez casi nunca es la última
Ayer alguien me llamó para contarme una historia que, siendo honestos, ya conocía desde la primera frase. Cambian los nombres, cambian las edades y cambian las ciudades, pero hay conversaciones que llevan décadas repitiéndose exactamente igual. Todo empezó con un «solo quería hablar». Yo todavía no conozco a la primera persona que haya pronunciado esa frase después de una ruptura queriendo únicamente conversar. Habían terminado hacía un tiempo, pero todavía quedaban demasiadas cosas sin decir. O eso creía una de las dos personas. La visita empezó con café, siguió con recuerdos, después aparecieron las lágrimas y, cuando se dieron cuenta, estaban otra vez en el mismo lugar donde tantas veces…
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Durante años pensé que tenía muy mala suerte en el amor. Después entendí que el problema era otro.
Hay recuerdos que uno preferiría dejar archivados para siempre. El mío tiene mas de veinte años, un pupitre de colegio y un beso tan desastroso que todavía estoy convencido de que fui un daño colateral. No era el protagonista de la escena. Era el compañero que estaba al lado cuando alguien decidió repartir besos con la misma precisión con la que un aspersor riega un jardín. Mi primer beso no tuvo música, ni mariposas en el estómago, ni una historia bonita para contar. Tuvo baba. Muchísima baba. Y la incómoda sensación de que aquella experiencia habría sido exactamente igual si yo hubiera sido otra persona… o el pupitre. Después de…
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Hay una mentira que todos nos contamos después de los treinta
Durante muchos años estuve convencido de que crecer servía para algo más que pagar impuestos y empezar a decir frases como «prefiero un buen desayuno que salir de fiesta». También creía que la experiencia sentimental funcionaba como una vacuna. Que después de suficientes decepciones uno aprendía a reconocer las señales, dejaba de idealizar personas y, sobre todo, dejaba de hacerse películas mentales después de una primera cita. Era una teoría preciosa. El problema es que nunca conocí a nadie capaz de demostrarla. Hace unos días alguien me llamó para pedirme un consejo. O eso creía esa persona. Yo, en cambio, sospeché desde el primer minuto que no estaba buscando una…
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La primera vez que me sentí viejo fue por culpa de un pelado de 18 años
Todos tenemos una historia que nos obliga a aceptar que el tiempo pasó. Hay gente que lo descubre cuando le empiezan a doler las rodillas. Otros cuando entienden cómo funciona la declaración de renta. Yo lo descubrí una tarde cualquiera, escuchando a una amiga contar, por décima vez, que estaba completamente tragada de un tipo que acababa de salir del colegio. Bueno… del colegio no. Pero casi. Ella ya había pasado los treinta. Él tenía dieciocho. Todavía me acuerdo de la cara con la que soltó el dato. Era esa mezcla entre emoción y culpa que uno pone cuando sabe que el grupo de amigos está a punto de juzgarlo.…
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Hoy yo confieso: así dejé de correr detrás del amor (y aprendí a sentarme a esperar)
Un relato íntimo sobre cómo dejar de buscar el amor a toda costa y empezar a vivir con calma, dignidad y menos playlists de Arjona. Porque a veces, el verdadero amor llega cuando ya no lo estás persiguiendo.






















