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La adultez no eliminó mis miedos. Solo les cambió el nombre.
El otro día pasé por uno de esos parques donde la gente hace fila para entrar a una casa del terror. Afuera se escuchaban gritos, risas nerviosas y personas saliendo con esa mezcla extraña entre alivio y vergüenza. Mientras los veía, pensé que quizá ya no soy el público objetivo de esas atracciones. No porque me haya vuelto más valiente. Al contrario. Creo que nunca había tenido tantos motivos para asustarme. Lo único que cambió es que los monstruos dejaron de usar máscaras. Cuando era niño tenía miedo de apagar la luz y que algo saliera de debajo de la cama. Hoy apago la luz sin problema. Lo que me…
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Confiar no significa dejar de revisar
Hay un hábito que adopté hace unos años y que, aunque parezca insignificante, me ha evitado más de un dolor de cabeza: siempre reviso el cambio. Siempre. No porque crea que todo el mundo quiera tumbarme. Tampoco porque disfrute desconfiar de la gente. Lo hago porque entendí que confiar y verificar no son enemigos. De hecho, creo que una de las grandes habilidades de la vida adulta consiste precisamente en aprender a hacer las dos cosas al mismo tiempo. Llegué a esa conclusión el día menos pensado. Iba con afán, tomé un taxi y, antes de arrancar, hice la pregunta de siempre: «¿Tiene cambio para un billete de cincuenta?». El…
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Estar solo y estar disponible no son la misma cosa
Durante mucho tiempo pensé que la gente empezaba una relación el día que conocía a alguien. Hoy creo que las relaciones empiezan mucho antes. Empiezan el día en que uno vuelve a estar disponible. Y no estoy hablando del estado civil. Estoy hablando de otra cosa. Hay personas que llevan años solteras y siguen profundamente ocupadas con alguien que ya no está. También existen quienes tienen toda la intención de enamorarse, salen a citas, descargan aplicaciones, responden mensajes y, aun así, no dejan entrar a nadie porque todavía están ocupados resolviendo conversaciones viejas, decepciones antiguas o expectativas que nunca se cumplieron. Uno cree que está buscando pareja cuando, en realidad,…
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El artículo que escribió mi yo de veintitantos me dio más risa que vergüenza
Hace unos días me encontré un texto que escribí hace muchos años. Era una lista larguísima de cosas que no quería que me regalaran de cumpleaños. Lo leí completo y me sorprendió descubrir dos cosas. La primera, que sigo sin entender por qué alguien regalaría un perro de porcelana a una persona que llevaba semanas diciendo que quería uno de verdad. Y la segunda, que el tipo que escribió ese artículo estaba mucho más preocupado por los regalos que por el cumpleaños. No lo juzgo. Tenía la edad para pensar así. Además, el artículo tenía argumentos sólidos. Las flores me parecían un desperdicio porque nunca entendí la lógica de regalar…
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Las peores citas de mi vida siempre fueron con las personas que más me gustaban
Hay algo profundamente injusto en las primeras citas. Uno pasa años aprendiendo a conversar, a hacer reír a la gente y a desenvolverse con naturalidad… hasta que aparece alguien que realmente le interesa. Ese día, todo ese entrenamiento desaparece como por arte de magia. No sé si sea ansiedad, exceso de entusiasmo o una extraña necesidad de impresionar. Lo único que sé es que, cuando alguien de verdad me gustaba, mi cuerpo parecía entrar en modo sabotaje. Me volvía torpe. Derramaba la copa de vino, decía cosas que no quería decir o me quedaba pensando tanto en la siguiente frase que dejaba de escuchar la conversación. Era como si una…
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El problema de volver con un viejo amor es que uno nunca vuelve con la misma persona
Siempre me ha parecido sospechosa esa frase de «el amor de mi vida». No porque no exista, sino porque casi siempre la pronunciamos muchos años después, cuando la memoria ya hizo lo suyo y empezó a borrar las partes incómodas de la historia. La memoria es tramposa. Tiene la mala costumbre de dejar los besos, las risas y los momentos felices intactos, mientras va desgastando las discusiones, las incompatibilidades y todas esas razones por las que, precisamente, la relación terminó. Con el tiempo uno deja de recordar a la persona y empieza a recordar la versión editada de esa persona. Hace unos días pensé mucho en eso por culpa de…
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La peor versión de mí siempre aparecía después de una ruptura
Hay una versión de mí que espero no volver a conocer nunca. No era mala persona. Tampoco era violenta por naturaleza. Era, sencillamente, un hombre convencido de que sufrir mucho era la prueba irrefutable de que había amado mucho. Y como estaba tan convencido de eso, convertía cada ruptura en una producción de Hollywood con presupuesto ilimitado. Yo no tenía tusas. Yo organizaba temporadas completas. Hoy me da risa contarlo, pero en ese momento hablaba completamente en serio. Si una relación se terminaba, yo asumía que mi obligación era destruirme emocionalmente hasta que el universo entendiera el mensaje. Lloraba, dejaba de comer, dormía poco, escuchaba la misma canción cincuenta veces…
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Cúcuta me enseñó que no todas las ciudades necesitan trasnochar
Cada vez que vuelvo a Cúcuta descubro una ciudad distinta. No porque cambie demasiado. La verdad es que el que cambia soy yo. Cuando tenía veinte años me desesperaba que después de cierta hora todo empezara a cerrar. Me parecía absurdo que una ciudad con tanto calor se fuera a dormir tan temprano. Siempre encontraba un taxista dispuesto a echarle la culpa al alcalde de turno, a las restricciones, a la economía o a cualquier otra teoría que explicara por qué conseguir un lugar abierto después de la medianoche era casi una misión imposible. Yo le compraba el discurso completico porque, en esa época, todavía creía que una buena ciudad…
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La decisión más difícil no es irse de la casa. Es aceptar que ya es hora.
Durante mucho tiempo pensé que algún día iba a existir el momento perfecto para irme de mi casa. Imaginaba que primero llegaría un buen sueldo, después un apartamento bonito, luego la tranquilidad económica y, cuando todas esas piezas estuvieran en su sitio, simplemente haría una maleta y me iría. La vida, que tiene una forma muy particular de reírse de los planes de uno, decidió que no iba a funcionar así. Nací en Pamplona, crecí en Cúcuta y fue ahí donde entendí que quería trabajar en televisión. Pero también entendí que si me quedaba esperando a que las oportunidades llegaran hasta la puerta de mi casa probablemente iba a pasarme…
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Las mejores decisiones que he tomado empezaron con la opinión de un desconocido
Con los años he aprendido a desconfiar un poquito de las opiniones que vienen de la gente que más me quiere. Suena horrible decirlo así, pero creo que es verdad. No porque tengan malas intenciones. Todo lo contrario. El problema es precisamente ese. Me quieren tanto que, muchas veces, prefieren proteger mis sentimientos antes que decirme una verdad incómoda. Por eso, cada vez que tengo una decisión importante entre las manos, hago algo que antes me parecía rarísimo: busco la opinión de un desconocido. No cualquier desconocido, claro. Hablo de alguien que sepa del tema y que, además, no tenga ningún interés emocional en el resultado. Alguien que no necesite…



























