Para cuidarte,  PARA HABITARTE,  PARA SENTIR

¿Y qué querías, un premio por tratar bien a tu pareja?

Hay frases que uno escucha y lo obligan a mirar al horizonte como si necesitara reiniciar el cerebro. Tipo:
—“Es que es súper lindo y me trata súper bien”.
Y uno por dentro: ¿Y qué más, un Nobel de la Paz?

Vivimos en una época tan hambrienta de afecto que confundimos lo mínimo con lo excepcional. Como si responder un mensaje o no levantar la voz en una discusión te convirtiera en pareja del año. Spoiler alert: eso es lo básico, mi amor. Lo mínimo indispensable. Lo que debería venir incluido en el empaque, no como un plus.

El amor y el aguacate maduro (pero podrido por dentro)

Mi mamá me decía en la plaza:
«No se deje meter gato por liebre con esos aguacates. Mire bien, que por fuera son divinos y por dentro puro moho.»
Yo pensaba en la bandeja paisa. Ahora pienso en mis ex.

Porque sí, el empaque seduce: carita linda, ropa que huele rico, perfil que postea memes con trauma emocional pasivo. Pero cuando le rascas la cáscara a muchos, lo que sale es un narcisista disfrazado de sensible, una terapeuta frustrada que solo quiere corregirte o, peor aún, un tibio.
Sí, el tibio: ese que te quiere pero no tanto, que está pero no tanto, que da… lo mínimo.

¿En qué momento romantizamos lo mínimo?

Estamos aplaudiendo que alguien no nos grite, que no nos ignore, que no nos haga ghosting. Como si fueran actos heroicos.
Es como decir “¡Amo este restaurante porque no me intoxican!”.
No. Eso es lo normal. Lo que debería esperarse.
El amor no es caridad emocional. No es una tómbola donde si no te salió un desastre de persona ya te ganaste el premio mayor.

Y ojo, no se trata de pedir un combo emocional gourmet: chef, terapeuta, amante exótico y buen hijo. Se trata de que dejemos de agradecer las migajas como si fueran manjar.

Cómo dejar de premiar el mínimo esfuerzo (sin volverte una diva intragable)

  • Estándares, no ilusiones: que no te pegue no es un valor agregado, es lo básico.
  • Red flags ≠ mañas: que deje la tapa del baño arriba no es lo mismo que controlar a quién ves.
  • Reciprocidad real: si tú das el 80 y el otro pone emojis cuando se acuerda, sal de ahí.
  • Exigencia ≠ amargura: pedir que te quieran bien no es ser complicado. Es tener autoestima.

Última reflexión (y un poquito de reality check)

La próxima vez que te digan “es que me trata bien”, respóndeles con honestidad brutal:
¿Y no debería?
Porque si lo mejor que puedes decir de alguien es que no es un desastre, quizás el desastre eres tú por seguir ahí.