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La cocina dejó de ser el lugar donde preparaba comida. Se convirtió en el lugar donde ordeno mi cabeza.
Hay días en los que llego a la casa con la cabeza completamente llena. Mensajes sin responder, reuniones, ideas para el blog, programas de radio, pendientes, correos… y, aun así, antes de sentarme en el sofá hago exactamente lo mismo: me amarro el delantal, saco una tabla de madera y empiezo a picar algo. Todavía me sorprende descubrir que uno de los momentos más tranquilos de mi día ocurre precisamente ahí, en la cocina. Si alguien me hubiera dicho hace unos años que terminaría disfrutando cocinar, probablemente me habría reído. No porque me pareciera una mala idea, sino porque estaba convencido de que yo pertenecía a ese grupo de personas…
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El artículo que escribió mi yo de veintitantos me dio más risa que vergüenza
Hace unos días me encontré un texto que escribí hace muchos años. Era una lista larguísima de cosas que no quería que me regalaran de cumpleaños. Lo leí completo y me sorprendió descubrir dos cosas. La primera, que sigo sin entender por qué alguien regalaría un perro de porcelana a una persona que llevaba semanas diciendo que quería uno de verdad. Y la segunda, que el tipo que escribió ese artículo estaba mucho más preocupado por los regalos que por el cumpleaños. No lo juzgo. Tenía la edad para pensar así. Además, el artículo tenía argumentos sólidos. Las flores me parecían un desperdicio porque nunca entendí la lógica de regalar…
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Cúcuta me enseñó que no todas las ciudades necesitan trasnochar
Cada vez que vuelvo a Cúcuta descubro una ciudad distinta. No porque cambie demasiado. La verdad es que el que cambia soy yo. Cuando tenía veinte años me desesperaba que después de cierta hora todo empezara a cerrar. Me parecía absurdo que una ciudad con tanto calor se fuera a dormir tan temprano. Siempre encontraba un taxista dispuesto a echarle la culpa al alcalde de turno, a las restricciones, a la economía o a cualquier otra teoría que explicara por qué conseguir un lugar abierto después de la medianoche era casi una misión imposible. Yo le compraba el discurso completico porque, en esa época, todavía creía que una buena ciudad…
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Nunca quise llenar el apartamento de plantas. Quería sentir que podía respirar.
Nunca he entendido esa obsesión que tiene la gente con las plantas. O mejor dicho… no la entendía. Me parecían bonitas, sí. Pero hasta ahí. Un adorno más. Como una lámpara bien escogida o un cuadro que combina con el sofá. Si alguien me hubiera dicho hace unos años que iba a pasar una tarde entera moviendo una matera veinte centímetros porque «ahí le entra mejor la luz», probablemente me habría reído. Y aquí estoy. Lo más chistoso es que esto no empezó porque quisiera volverme jardinero. Empezó porque un día me cansé de sentir que mi apartamento era el lugar donde dormía. Nada más. Llegaba, dejaba las llaves, prendía…
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La atención también puede convertirse en una adicción
Hace unos días me encontré viendo un video que ni siquiera me estaba gustando. No me estaba enseñando nada. No me estaba haciendo reír. Ni siquiera estaba de acuerdo con lo que estaba viendo. Y, aun así, ahí seguía. Esperando a ver cuál era el siguiente escándalo. Cuando cerré la aplicación me hice una pregunta bastante incómoda: ¿en qué momento dejamos de consumir contenido porque nos aporta algo y empezamos a consumirlo simplemente porque no somos capaces de apartar la mirada? Vivimos en una época donde la atención vale dinero. No es una metáfora. Es un modelo de negocio. Mientras más tiempo pases mirando una pantalla, mejor. Da igual si…
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Receta: Carne con inspiracion Turca. Deliciosa, sencilla y económica.
Hoy necesitaba que la comida supiera a algo. No a “me defendí”, no a “salí del paso”… a algo que tenga carácter, como cuando uno se levanta con ganas de no conformarse con lo mismo de siempre. Así nació este plato. Carne molida con canela y comino (sí, canela), arroz con queso crema y ajo, y una ensalada con vinagreta de esas que se sienten como un gancho al paladar. Me sentí como en una fusión turca improvisada, como si MasterChef me hubiera puesto un reto: sorprender con ingredientes cotidianos y dejar el alma servida en el plato. Y funcionó. ¿Por qué nos encanta? Porque es sabroso, sin ser pretencioso.Porque…
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Aprendí a cocinar porque me estaba muriendo… y no solo de hambre: 5 cosas que entendí tarde
Descubre cómo cocinar puede salvarte de la desgana y el caos de vivir solo. 5 lecciones reales, útiles y sabrosas para empezar sin miedo.
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Receta:Receta: Una pausa marroquí en medio del caos: arroz especiado, carne con canela y salsa de yogur
Le puse canela a la carne molida sin pensarlo mucho. Como cuando uno se lanza a escribirle a alguien que ya no debería. Fue un experimento, pero de esos que salen bien. El sabor me transportó a un lugar que no conocía, pero que igual me recordó algo. Desde ahí, decidí que no iba a seguir comiendo cualquier cosa solo porque estoy apurado o en tupper. Este plato fue un regalo en mitad del día. ¿Por qué me encantó? Porque tiene sabor, intención y un aire de viaje sin salir de casa. El arroz con cúrcuma y zanahoria es reconfortante, la carne con cebolla, pimentón y un toque de canela…
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¿Viajar en bus o sobrevivir con dignidad? Guía para no enloquecer en carretera (y hasta disfrutarlo)
¿Viajar en bus te parece una tortura? Con estos consejos realistas (y con humor), conviértelo en un spa sobre ruedas.
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Cómo aprendí a no odiar el gimnasio (y hasta me empezó a gustar)
i alguna vez sentiste que el gimnasio no era para ti, esto puede ayudarte. Una experiencia real con consejos prácticos para volver sin excusas.


























