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La peor versión de mí siempre aparecía después de una ruptura
Hay una versión de mí que espero no volver a conocer nunca. No era mala persona. Tampoco era violenta por naturaleza. Era, sencillamente, un hombre convencido de que sufrir mucho era la prueba irrefutable de que había amado mucho. Y como estaba tan convencido de eso, convertía cada ruptura en una producción de Hollywood con presupuesto ilimitado. Yo no tenía tusas. Yo organizaba temporadas completas. Hoy me da risa contarlo, pero en ese momento hablaba completamente en serio. Si una relación se terminaba, yo asumía que mi obligación era destruirme emocionalmente hasta que el universo entendiera el mensaje. Lloraba, dejaba de comer, dormía poco, escuchaba la misma canción cincuenta veces…
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La última vez casi nunca es la última
Ayer alguien me llamó para contarme una historia que, siendo honestos, ya conocía desde la primera frase. Cambian los nombres, cambian las edades y cambian las ciudades, pero hay conversaciones que llevan décadas repitiéndose exactamente igual. Todo empezó con un «solo quería hablar». Yo todavía no conozco a la primera persona que haya pronunciado esa frase después de una ruptura queriendo únicamente conversar. Habían terminado hacía un tiempo, pero todavía quedaban demasiadas cosas sin decir. O eso creía una de las dos personas. La visita empezó con café, siguió con recuerdos, después aparecieron las lágrimas y, cuando se dieron cuenta, estaban otra vez en el mismo lugar donde tantas veces…





