PARA SENTIR

¿Y si Cupido en realidad era miope?

Una vez, mientras tomaba café con una amiga que acababa de salir de una relación digna de documental de crimen pasional, soltó una frase que se quedó rondándome la cabeza:
“Creo que Cupido se equivocó de objetivo y le disparó a la pared.”

Y no la culpo. ¿Quién no ha sentido que ese niño alado con pañal y arco tiene serios problemas de visión?

Yo, por ejemplo, fui víctima de su puntería desviada en eso que muchos llaman “el primer gran amor”… aunque en mi caso fue más bien el primer gran desastre emocional con banda sonora y subtítulos en drama. No era la persona más atractiva, ni la más brillante, pero sí ganaba medalla de oro en competencias internacionales de infidelidad.

Y ahí estaba yo: justificando todo.
“Es que me ama, pero se confunde.”
Mientras ignoraba mensajes sospechosos a medianoche y fingía que las rupturas estratégicas de fin de semana eran coincidencia.

¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué nos aferramos a historias que claramente están rotas?
Creo que el problema no es solo Cupido. Somos nosotros, los que recogemos sus flechas rotas y las pegamos con cinta como si fueran arte contemporáneo.

Porque sí, estar solo asusta. Como esa primera noche en un apartamento vacío: silencioso, frío y lleno de ecos. Pero estar con la persona equivocada… es vivir con un roommate que no paga arriendo, te deja los platos sucios y, de paso, invita a más gente tóxica a meterse a tu cama emocional.

Después de unas cuantas tusas (de esas que se lloran con Adele, helado y dignidad por el piso), entendí algo:
no somos los protagonistas de una telenovela de las 9.
En la vida real, cerrar ciclos también es amor. Y, a veces, decir “gracias por participar, pero no más” es el acto más valiente de todos.

¿Fácil? No.
¿Necesario? Absolutamente.
Spoiler: la mayoría de las veces no cambia, no mejora, no se transforma. Y quedarte ahí esperando “a ver si esta vez sí” solo alarga lo inevitable.

Así que, si estás en medio de una tusa prolongada o de un amor que huele a vencido, te propongo esto:
Una campaña nacional. Un decreto emocional. Una cruzada emocional llamada: «No a la tusa 24/7.»

Llora lo que tengas que llorar. Saca la playlist dramática. Grítale al cielo si quieres.
Pero después, recógete dignamente, párate con tu mejor outfit emocional y sigue.
Que Cupido podrá ser miope, pero tú ya no estás para andar caminando a ciegas.