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Nadie toma buenas decisiones cinco minutos después de descubrir una infidelidad
Hay personas que creen que uno descubre una infidelidad y, automáticamente, se convierte en un adulto racional. Que respira profundo, pide una explicación, escucha las dos versiones de la historia, agradece el tiempo compartido y se retira con una dignidad tan impecable que Netflix debería comprar los derechos. Mentiras. Yo no sé quién inventó esa fantasía, pero claramente nunca le habían roto el corazón. Lo primero que hace el cerebro cuando descubre una traición no es pensar. Es incendiarse. Y cuando la cabeza se prende en llamas, uno no toma decisiones: uno reacciona. Es una diferencia enorme. Hay quienes llaman veinte veces seguidas. Otros salen manejando sin saber para dónde…
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El problema de volver con un viejo amor es que uno nunca vuelve con la misma persona
Siempre me ha parecido sospechosa esa frase de «el amor de mi vida». No porque no exista, sino porque casi siempre la pronunciamos muchos años después, cuando la memoria ya hizo lo suyo y empezó a borrar las partes incómodas de la historia. La memoria es tramposa. Tiene la mala costumbre de dejar los besos, las risas y los momentos felices intactos, mientras va desgastando las discusiones, las incompatibilidades y todas esas razones por las que, precisamente, la relación terminó. Con el tiempo uno deja de recordar a la persona y empieza a recordar la versión editada de esa persona. Hace unos días pensé mucho en eso por culpa de…
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Durante años pensé que tenía muy mala suerte en el amor. Después entendí que el problema era otro.
Hay recuerdos que uno preferiría dejar archivados para siempre. El mío tiene mas de veinte años, un pupitre de colegio y un beso tan desastroso que todavía estoy convencido de que fui un daño colateral. No era el protagonista de la escena. Era el compañero que estaba al lado cuando alguien decidió repartir besos con la misma precisión con la que un aspersor riega un jardín. Mi primer beso no tuvo música, ni mariposas en el estómago, ni una historia bonita para contar. Tuvo baba. Muchísima baba. Y la incómoda sensación de que aquella experiencia habría sido exactamente igual si yo hubiera sido otra persona… o el pupitre. Después de…
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Hay una mentira que todos nos contamos después de los treinta
Durante muchos años estuve convencido de que crecer servía para algo más que pagar impuestos y empezar a decir frases como «prefiero un buen desayuno que salir de fiesta». También creía que la experiencia sentimental funcionaba como una vacuna. Que después de suficientes decepciones uno aprendía a reconocer las señales, dejaba de idealizar personas y, sobre todo, dejaba de hacerse películas mentales después de una primera cita. Era una teoría preciosa. El problema es que nunca conocí a nadie capaz de demostrarla. Hace unos días alguien me llamó para pedirme un consejo. O eso creía esa persona. Yo, en cambio, sospeché desde el primer minuto que no estaba buscando una…
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Manual de tusas (no pedido, pero necesario): lo que aprendí llorando con helado y sin dignidad
Quién dijo que una tusa se supera con yoga y afirmaciones? Aquí te cuento mis rupturas más épicas, lo que aprendí y por qué hoy no me trago cualquier cuento de amor.













