La carrera que no iba a correr… pero corrí igual
No sé en qué momento dije que sí, pero lo dije.
Un día, mis amigos de Ebenezer Bogotá me retaron a correr la Cuchilla Run – La Revancha, una carrera en las montañas de Guasca, Cundinamarca, y yo… acepté.
Nunca antes había corrido una competencia.
Ni siquiera de manera informal. Ni siquiera por gusto.
Pero esa mezcla de susto y emoción me pareció suficiente motivo para intentarlo.
El recorrido era de 11 kilómetros, nada menos. Y el punto más alto: 3.365 metros sobre el nivel del mar.
Yo, que me canso subiendo escaleras.
Yo, que pospongo el cardio.
Yo, que dije “¿por qué no?”
Llegué tarde, pero llegué
La mañana de la carrera fue caótica. Me retrasé 45 minutos por un problema logístico y, al llegar, la salida ya estaba vacía.
Ahí tuve dos opciones: devolverme a casa con cara de “no se pudo”…
O amarrarme los tenis y empezar.
Y eso hice.
Corrí con la tranquilidad de saber que no tenía que demostrarle nada a nadie. Que si llegaba al final, ganaba.
Y si no… tampoco pasaba nada. Porque estar ahí ya era un logro.
Mi cuerpo contra mi cabeza
Durante 1 hora y 43 minutos, subí, bajé, resbalé, respiré profundo y sonreí.
Sentí el sol, la lluvia y el viento al mismo tiempo. Me crucé con personas que me animaban como si me conocieran. Y en medio del cansancio, sentí una gratitud inmensa.
No estaba corriendo para competir. Estaba corriendo para recordarme que sí puedo hacer cosas que no imaginaba.
Que no importa el ritmo, ni el cronómetro, ni la marca en la camiseta.
Importa llegar. Importa no rendirse.
Y cuando me colgaron la medalla, entendí que sí, llegué de último. Pero también gané. Porque llegué.
Lo que esta carrera me enseñó (sin importar si alguna vez corro otra)
- No necesitas experiencia, necesitas intención.
- El cuerpo hace lo que puede; la mente decide si sigue o se rinde.
- A veces no estás compitiendo con otros. Estás desafiando tus propias excusas.
- No todo lo que vale la pena tiene que estar perfectamente planeado.
No sé si volveré a correr otra carrera.
Pero sí sé que esa versión mía que decidió correr solo, tarde y sin garantías… esa versión ya no se me olvida nunca.
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo que no pensabas que fueras capaz de hacer?
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