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Cúcuta me enseñó que no todas las ciudades necesitan trasnochar
Cada vez que vuelvo a Cúcuta descubro una ciudad distinta. No porque cambie demasiado. La verdad es que el que cambia soy yo. Cuando tenía veinte años me desesperaba que después de cierta hora todo empezara a cerrar. Me parecía absurdo que una ciudad con tanto calor se fuera a dormir tan temprano. Siempre encontraba un taxista dispuesto a echarle la culpa al alcalde de turno, a las restricciones, a la economía o a cualquier otra teoría que explicara por qué conseguir un lugar abierto después de la medianoche era casi una misión imposible. Yo le compraba el discurso completico porque, en esa época, todavía creía que una buena ciudad…


