Para calmarte,  PARA HABITARTE,  PARA SENTIR

¿Y si mis estándares eran una excusa para estar solo?

Antes de que existieran los Reels y las Stories, existía mi blog.
Un rincón en internet donde, sin filtros ni estrategia de contenido, contaba mis verdades como quien lanza botellas al mar con la esperanza de que alguien las leyera… y no huyera en un ataque de pánico.

Spoiler: la mayoría de gente huía.
Y no les culpo.
Si googleabas mi nombre en esa época, lo primero que encontrabas eran entradas tituladas cosas como “Crónica de una cita que fue puro queso y cero pan” o “Me gustabas hasta que dijiste “veámonos en el Éxito””.
No necesitaban conocerme. Solo leer dos párrafos para pensar: este man no está listo.
Y sí. A veces, escribir era mi forma de desaparecer.
De dejar claro, sin decirlo de frente, que no estaba buscando pareja. O al menos no una que se quedara hasta la mañana siguiente.

Recuerdo una cita específica, de esas que hoy parecen sacadas de una comedia romántica con presupuesto bajo.
Esa persona tenía una pizzería de horno de leña a pocas cuadras de mi casa. Cocinaba como un ángel de masa madre, tenía una familia divina, me daba besos que sabían a vino tinto… y aun así, yo me fui.

¿Por qué?
Porque sus piernas eran demasiado flacas.
No delgadas.
Flacas en un nivel que me activaba una ansiedad inexplicable.
Y aunque suene absurdo, fue eso lo que me hizo huir antes de la quinta cita.
Sin manoseo, sin drama, sin final.

Solo me esfumé.
Como buen cobarde funcional.

Años después, encontré una conversación vieja en Facebook.
Estábamos decidiendo qué almorzar, y yo dije que quería algo “rico, sabroso y especial”.
Su respuesta fue: “Entonces te ordeno a ti, en salsita.”

Y ahí me cayó como baldado de agua fría:
¿Cómo rayos perdí eso por unas piernas flacas?
¿Qué estándar estaba aplicando? ¿El de un casting de modelo? ¿O el de alguien que no quería enamorarse, pero necesitaba una excusa elegante para no hacerlo?

A veces creemos que tenemos estándares “altos” cuando en realidad lo que tenemos es miedo.
Miedo a ceder, a mostrarnos vulnerables, a soltar el checklist estético y mirar de verdad.
Y sí, todos queremos a alguien que nos mueva el piso…
pero ¿ese estándar que pides te querría a ti, tal cual eres?

Esa es la pregunta incómoda.
Esa que te obliga a revisar si estás buscando una pareja…
¿o una excusa para seguir solo?