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Ráquira no es un lugar para quedarse. Es un lugar para llevarse un pedazo a la casa

Hay destinos que se disfrutan por lo que uno hace allí. Ráquira funciona distinto. Aquí el plan no es llenar una agenda de actividades. El verdadero placer consiste en caminar sin afán, entrar a cada tienda, tocar la cerámica, comparar precios y terminar llevándose algo que, muchos años después, todavía le recuerde ese viaje.

Llegar desde Bogotá toma unas cuatro horas y media, dependiendo del tráfico y de qué tanto se deje tentar por las paradas del camino. En nuestro caso fueron dos: un desayuno de carretera y una visita obligada al Puente de Boyacá. Vale la pena hacerlas. El viaje también hace parte del paseo.

Lo primero que llama la atención al llegar es el color. Fachadas pintadas en tonos intensos, balcones llenos de artesanías y vitrinas donde es imposible no detenerse. Puede sonar turístico —porque lo es—, pero Ráquira logra algo que muchos destinos pierden cuando crecen: todavía conserva la sensación de que detrás de cada objeto hay alguien que lo hizo con sus manos.

Si mi consejo sirve de algo, no compre en la primera tienda que vea. La oferta es enorme y muchas piezas se repiten. Caminar un poco puede representar una diferencia importante en el precio. A nosotros nos pasó con unas ruanas. En un local costaban casi el doble de lo que terminamos pagando unas calles más adelante. Eran las mismas. La paciencia también hace parte del presupuesto.

La plaza principal merece una vuelta tranquila y la iglesia, aunque tiene una fachada con muchísimo carácter, me dejó la sensación de que podría estar mucho mejor conservada. En un municipio donde la identidad artesanal está tan bien cuidada, esperaba encontrar un poco más de atención sobre uno de sus edificios más representativos. No alcanza a opacar la visita, pero sí fue uno de esos detalles que inevitablemente llaman la atención.

Sobre la comida tengo sentimientos encontrados. Probé el tradicional cocido boyacense porque cuando viajo intento comer lo que comen los habitantes del lugar. En esta ocasión no conecté ni con el plato ni con el restaurante que escogimos. Eso sí, sería injusto juzgar toda la gastronomía de la región por una sola experiencia. Los viajes también tienen días malos.

¿Vale la pena ir?

Sí.

Pero no iría pensando en pasar un fin de semana completo. Para mí, Ráquira funciona mucho mejor como parte de una ruta por Boyacá, combinándolo con Villa de Leyva u otros municipios cercanos. Un día alcanza para recorrer sus calles con calma, descubrir talleres, comparar artesanías y volver con un recuerdo que realmente quiera tener en su casa.

Yo regresé con una ruana que sigo usando cada vez que puedo y unos individuales que, sin esperarlo, terminaron llevándome de vuelta a la mesa de mi infancia.

Al final entendí que ese es el verdadero encanto de Ráquira.

No vende artesanías.

Vende recuerdos que todavía no existen.

Información útil

📍 Ubicación
Ráquira, Boyacá.

🚗 Distancia desde Bogotá
Aproximadamente 4 horas y media por carretera.

🛍️ No te vayas sin…
Recorrer varias tiendas antes de comprar. Comparar precios realmente hace la diferencia.

🧶 Mi compra favorita
Una ruana de lana y unos individuales artesanales.

⏱️ ¿Cuánto tiempo recomiendo?
Un día es suficiente. Lo ideal es incluir Ráquira dentro de una ruta por otros municipios de Boyacá, como Villa de Leyva.

Mi veredicto

Volvería… de paso.

No es un destino para quedarse varios días.

Es un lugar perfecto para caminar sin afán, comprar con calma y llevarse un pedacito de Boyacá a casa.

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