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Ráquira no es un lugar para quedarse. Es un lugar para llevarse un pedazo a la casa
Hay destinos que se disfrutan por lo que uno hace allí. Ráquira funciona distinto. Aquí el plan no es llenar una agenda de actividades. El verdadero placer consiste en caminar sin afán, entrar a cada tienda, tocar la cerámica, comparar precios y terminar llevándose algo que, muchos años después, todavía le recuerde ese viaje. Llegar desde Bogotá toma unas cuatro horas y media, dependiendo del tráfico y de qué tanto se deje tentar por las paradas del camino. En nuestro caso fueron dos: un desayuno de carretera y una visita obligada al Puente de Boyacá. Vale la pena hacerlas. El viaje también hace parte del paseo. Lo primero que llama…


