PARA SENTIR

¿Y si todo lo que hoy somos empezó con una escarapela y un micrófono prestado?

Creo que todos tenemos una historia, y estoy convencido de que para saber hacia dónde vamos, primero tenemos que entender de dónde venimos. En mi caso, ese recorrido no fue fácil. Lo que a otros les llegó en bandeja, a mí me tocó irlo a buscar. Más de una vez. Más de mil veces.

Crecí en Pamplona, una ciudad pequeña, en una familia de clase media. Y aunque no me faltó lo esencial, tampoco sobraban las oportunidades. Por eso, desde temprano supe que si quería algo, tenía que construirlo con mis propias manos. Me las arreglé para pagar mi carrera universitaria mientras hacía tres trabajos: profesor de porristas, mesero y fotógrafo de discotecas. Sí, así de surreal como suena.

(Nota mental: algún día contaré esa parte completa, porque merece un episodio aparte.)

Las vueltas de la vida me llevaron a tocar la puerta de un canal local en Cúcuta. Me ofrecí como camarógrafo sin saber ni encender una cámara. Pero insistí tanto que terminé siendo reportero. El sueldo era simbólico: me quedaba con lo que pudiera vender de un comercial en el programa. Nunca logré vender uno. Pero me quedé con algo mejor: experiencia y hambre de más.

Después de varios meses, me ofrecieron un espacio los fines de semana para presentar videos musicales. Nadie veía el programa, ni siquiera mi mamá. Pero yo lo daba todo, como si me viera medio país.

Fue en esa época cuando ocurrió algo que me cambió para siempre.

 


Paz Sin Fronteras: la escarapela que lo cambió todo

Era 2008 y, en medio de una crisis entre Colombia y Venezuela, Juanes organizó el concierto Paz Sin Fronteras en la frontera, justo en Cúcuta. La ciudad se transformó en cuestión de días: equipos de producción, artistas internacionales, periodistas… todos estaban allí.

Y yo también. Con mi escarapela colgada al cuello, la misma que usaban los presentadores que admiraba desde el televisor de mi casa.

Tenía un micrófono viejo, sin espuma, y el corazón a mil. Ese día entrevisté —sin saber muy bien cómo— a Juanes, Alejandro Sanz, Carlos Vives, Juan Luis Guerra, Ricardo Montaner, Miguel Bosé… La lista sigue, pero mi memoria se mezcla con la emoción.

Era como si el universo me estuviera diciendo: “aquí está tu lugar”.

 


La noche en que decidí qué quería hacer con mi vida

Luego de doce horas bajo el sol, con los labios partidos, la piel quemada y los ojos brillando, no pude dormir. No por el cansancio, sino por la certeza. Esa noche entendí que no importaba de dónde venía ni lo difícil que hubiera sido el camino: quería dedicar mi vida a esto. A contar historias. A estar donde suceden las cosas. A darle voz a quienes tienen algo que decir.

Desde entonces he seguido caminando. A veces más rápido, a veces más lento, pero siempre con esa escarapela simbólica al cuello, recordándome por qué empecé.

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