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Fallarme a mí mismo también estaba en la lista de propósitos
Siempre pensé que en la vida uno se caía por cosas grandes: una ruptura, una tragedia, una noticia que te dejaba viendo la pared. Pero no. La vida adulta me enseñó que lo que de verdad te descompone son los domingos en los que ibas a empezar tu “nueva era”, pero decides no tender la cama, pedir comida por Rappi y revisar si Mercurio está retrógrado como para echarle la culpa a algo. Fue esta semana, una mañana de septiembre, cuando el celular marcó 9 del 9 del 9 (sí, 9 de septiembre, a las 9:09) y me pregunté en voz baja: ¿Qué carajos pasó con mis propósitos de año…


