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¿Necesitábamos otra de Los Juegos del Hambre? Spoiler: esta precuela te atrapa más de lo que crees”

«Cuando me enteré de que venía una nueva película de Los Juegos del Hambre, pensé: “¿Otra vez Panem? ¿Otra vez niños matándose en HD?” Pero bueno, la curiosidad pudo más. Y la verdad… terminé más enganchado de lo que esperaba.

“Los Juegos del Hambre: Balada de Pájaros Cantores y Serpientes” (sí, un título larguísimo con aire a libro de Gabriel García Márquez) nos lleva al pasado del señor Snow, antes de que se convirtiera en ese villano elegante con olor a poder y a traición bien planchada.

Disponible en Amazon Prime Video, y para alquilar en Apple TV, Claro Video y Microsoft Store.

Lo que funciona (y sorprende)

La historia es más política que épica, pero eso no es malo. Ver al joven Coriolanus Snow (interpretado por un Tom Blyth que se ve sacado de una campaña de Dior) tratando de escalar entre traiciones, hambre y becas con trampa, tiene su encanto.

Y Viola Davis como la científica loca con bata de laboratorio y cara de “hoy vengo a experimentar con tus miedos”… icono. Cada vez que aparece, uno no sabe si aplaudir o salir corriendo.

La ambientación, como siempre, impecable: oscura, elegante y con ese toque distópico que ya se siente medio retro pero igual sigue funcionando.

Lo que me sacó del flow

Los números musicales.
Yo sé que Lucy Gray viene con contrato para cantar, pero marica… ¿era necesario cada cinco escenas? A veces sentía que estaba viendo un episodio de “Panem Tiene Talento” en vez de una precuela con tintes de tragedia griega.

Y sí, dura 157 minutos. A veces se nota. A veces no. Pero en plena era de series de 30 minutos, eso ya es una eternidad para el algoritmo de nuestra atención.

¿Vale la pena verla?

Sí, si eres fan del universo.
Sí, si te gustan las historias de cómo se forman los villanos (y los dictadores con carisma).
Sí, si no te importa que la protagonista cante como si estuviera en una versión distópica de “La Voz”.

3.5 estrellas sobre 5.
Una precuela que no revoluciona, pero entretiene. Te da contexto, buenos planos, momentos intensos y un recordatorio de por qué el Capitolio siempre fue más reality show que democracia.