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Las mejores decisiones que he tomado empezaron con la opinión de un desconocido
Con los años he aprendido a desconfiar un poquito de las opiniones que vienen de la gente que más me quiere. Suena horrible decirlo así, pero creo que es verdad. No porque tengan malas intenciones. Todo lo contrario. El problema es precisamente ese. Me quieren tanto que, muchas veces, prefieren proteger mis sentimientos antes que decirme una verdad incómoda. Por eso, cada vez que tengo una decisión importante entre las manos, hago algo que antes me parecía rarísimo: busco la opinión de un desconocido. No cualquier desconocido, claro. Hablo de alguien que sepa del tema y que, además, no tenga ningún interés emocional en el resultado. Alguien que no necesite…


