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La decisión más difícil no es irse de la casa. Es aceptar que ya es hora.
Durante mucho tiempo pensé que algún día iba a existir el momento perfecto para irme de mi casa. Imaginaba que primero llegaría un buen sueldo, después un apartamento bonito, luego la tranquilidad económica y, cuando todas esas piezas estuvieran en su sitio, simplemente haría una maleta y me iría. La vida, que tiene una forma muy particular de reírse de los planes de uno, decidió que no iba a funcionar así. Nací en Pamplona, crecí en Cúcuta y fue ahí donde entendí que quería trabajar en televisión. Pero también entendí que si me quedaba esperando a que las oportunidades llegaran hasta la puerta de mi casa probablemente iba a pasarme…


