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El amor no es ciego. Uno es el que decide no ponerse las gafas
Hace poco vi una foto de alguien que años atrás me había parecido absolutamente irresistible y tuve una reacción que me preocupó: acerqué la pantalla, la alejé, volví a mirarla y pensé: ¿en serio? No quiero ser injusto porque seguramente esa persona podría hacer exactamente el mismo ejercicio conmigo y terminaríamos empatados. Pero me pareció fascinante comprobar que alguien que en determinado momento tuvo iluminación celestial, cámara lenta y banda sonora incluida, hoy podía aparecer frente a mis ojos como lo que siempre había sido: un ser humano completamente normal. Ahí recordé que enamorarse tiene efectos visuales. Cuando uno está enamorado, Bogotá no está gris por la contaminación sino cubierta…


