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Madurar también fue aprender a echar reversa
Hay una palabra que siempre me ha dado mucha risa y que, además, siento que usamos muy poco: patracear. No sé si exista en el diccionario, pero en Norte de Santander todos entendemos perfectamente lo que significa. Es ese momento en el que uno mete reversa porque, después de pensarlo mejor, descubre que seguir derecho sería una pésima idea. Durante mucho tiempo creí que patracear era sinónimo de fracasar. Me daba la sensación de que echarse para atrás era una falta de carácter, una forma elegante de decir «no fui capaz». Hoy pienso exactamente al contrario. Creo que una de las habilidades más importantes que he aprendido como adulto ha…


