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La peor versión de mí siempre aparecía después de una ruptura
Hay una versión de mí que espero no volver a conocer nunca. No era mala persona. Tampoco era violenta por naturaleza. Era, sencillamente, un hombre convencido de que sufrir mucho era la prueba irrefutable de que había amado mucho. Y como estaba tan convencido de eso, convertía cada ruptura en una producción de Hollywood con presupuesto ilimitado. Yo no tenía tusas. Yo organizaba temporadas completas. Hoy me da risa contarlo, pero en ese momento hablaba completamente en serio. Si una relación se terminaba, yo asumía que mi obligación era destruirme emocionalmente hasta que el universo entendiera el mensaje. Lloraba, dejaba de comer, dormía poco, escuchaba la misma canción cincuenta veces…


