Pedro Páramo: la película que te deja tan perdido como su protagonista
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
Así arranca esta adaptación cinematográfica del clásico de Juan Rulfo. Y déjame decirte algo: a mí, como espectador, me pasó exactamente lo mismo que a Juan Preciado. Llegué con expectativas altas, algo ingenuas, y terminé envuelto en una atmósfera densa, silenciosa, llena de muertos que hablan más que los vivos.
Cuando supe que habían adaptado Pedro Páramo, supe también que no iba a ser fácil. Este libro está en esa lista de “obras casi imposibles de llevar al cine” por una razón. Y siendo completamente honesto, tuve que ver la película en tres tandas. Entre los saltos temporales, los personajes que aparecen y desaparecen sin previo aviso, y la narrativa que no se molesta en explicar mucho, terminé pausando más de una vez para procesar lo que acababa de ver. Y sí, confieso que también tuve que buscar un final explicado. Sin pena.
Lo que sí funciona
Visualmente, la película es un espectáculo. Rodrigo Prieto se nota en cada cuadro. Hay planos que parecen sacados de una pintura, con esa mezcla entre polvo, desolación y belleza que uno no espera encontrar en un pueblo fantasma. La fotografía no solo acompaña la historia, la construye.
Las actuaciones son otro punto fuerte. Tenoch Huerta y Manuel García Rulfo hacen un trabajo sólido, pero la que realmente brilla es Ilse Salas como Susana San Juan. Es un personaje que está al borde de la lucidez todo el tiempo, y ella logra sostener ese hilo con precisión. No es fácil interpretar a alguien que no está del todo aquí ni allá.
También hay que reconocer el diseño de producción: el vestuario, las locaciones, los objetos. Todo está ahí para meterte en ese mundo suspendido entre lo real y lo que ya se fue.
Lo que no termina de cuajar
La película le es fiel al libro casi al pie de la letra. Y eso, para el que conoce la obra, puede ser emocionante. Pero para quien no ha leído a Rulfo, se vuelve una experiencia exigente, incluso frustrante.
La historia salta en el tiempo sin darte aviso. Los personajes aparecen con una frase críptica y se desvanecen sin explicación. A veces no sabes si estás en el pasado, en un recuerdo, en el presente o directamente en el más allá. La estructura no te da tregua. Y eso que yo fui con la mejor disposición.
El ritmo también tiene altibajos. Hay momentos en los que la tensión funciona muy bien, pero otros en los que la historia se vuelve pesada. Y como no hay muchos puntos de anclaje emocionales (al menos para quien no conoce la novela), cuesta mantenerse enganchado.
¿Entonces vale la pena verla?
Sí. Pero con advertencias. Esta no es una película para ver mientras haces scroll en el celular. Ni para verla con sueño. Ni para esperar que te lo den todo servido.
Hay que entrar con calma. Dejarse llevar por la atmósfera. Aceptar que no todo se va a entender. Porque al final, eso también hace parte del universo de Rulfo: estar perdido, confundido, rodeado de voces que vienen de otro tiempo y otro lugar.
Le doy un 3.5 de 5. Porque no es fácil de ver. Pero tampoco está hecha para serlo.


