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Mentes Poderosas: la distopía que se te olvida antes de que acabe de Disney+

Mentes Poderosas (2018) es esa clase de película que te hace pensar: “¿esto ya lo vi… o solo lo soñé viendo Divergente?” Entré con la intención de revivir una joya olvidada del género distópico juvenil. Salí con la confirmación de por qué la había olvidado en primer lugar.

La historia parte de una premisa que, en su momento, parecía tener potencial: un mundo donde los jóvenes desarrollan poderes sobrenaturales y son perseguidos por ello. Pero ese potencial dura lo que un parpadeo.

Lo que casi funciona

La película arranca bien. Tiene ritmo, tiene ese look de ciencia ficción juvenil que puede atrapar, y el grupo de protagonistas con habilidades especiales despierta cierta curiosidad. Al menos en los primeros 20 minutos, uno siente que podría estar frente a algo decente.

Algunos personajes logran brillar brevemente. Hay una química inicial entre los chicos que parece prometer. Y aunque el romance se ve venir desde el primer intercambio de miradas, todavía no molesta. Todo parece ir bien. Hasta que no.

Lo que no despega

El problema es que esa chispa inicial no prende fuego. Al contrario: se apaga rápido. La historia se vuelve predecible y cae en todos los lugares comunes del género. El guion empieza a olvidarse de sus propios personajes, como si no supiera qué hacer con ellos. La Dra. Cate desaparece como por arte de magia y reaparece en el tercer acto con un guion en mano que claramente no leyó antes.

Zu, uno de los personajes que podría haber sido el alma emocional de la película, queda relegada a ser “la niña callada del grupo” sin mayor propósito. Y el romance… bueno, el romance es un check en la lista, más que una historia que realmente se construya.

El mayor pecado, sin embargo, es otro: ya vimos esto. Y mejor hecho. Desde X-Men hasta Los Juegos del Hambre, pasando por cualquier saga YA que haya existido entre 2008 y 2015. Mentes Poderosas no logra aportar nada nuevo, ni siquiera en lo visual. Y eso hace que la olvides antes de que empiecen los créditos.

¿Vale la pena verla?

Solo si estás en modo sofá con cobija, cero expectativas y te da igual quedarte dormido a mitad de la historia. No es una película terrible, pero tampoco tiene nada que la salve del olvido.

Mi calificación: 2.5 de 5. Una de esas cintas que no molestan… pero tampoco te dejan nada.