¿La magia sigue viva o ya no es lo mismo? Review honesta de Intensamente 2 (y de lo que uno siente al crecer otra vez)
Fui al cine con el corazón dividido: parte de mí quería volver a sentir esa ternura que nos dejó la primera Intensamente, y otra temía salir decepcionado. ¿Cómo se supera una película que ya tocó el corazón de millones?
Spoiler sin culpa: Intensamente 2 no solo lo intenta… lo logra. Con nuevas emociones, una animación impecable y más madurez emocional de la que muchos adultos manejamos en terapia.
Lo que hace bien
Pixar sigue sabiendo contar verdades disfrazadas de animación.
La forma es perfecta: los colores, la textura de los personajes, el universo mental expandido. Pero lo más potente es el fondo. Esta vez, la historia no gira alrededor de la infancia, sino de esa tormenta hormonal llamada adolescencia.
Y lo aborda con ternura, inteligencia y una sensibilidad emocional que desarma.
Ansiedad llegó para quedarse (y lo sabemos).
Es el personaje estrella. Incómoda, empática, real. No es la villana, pero tampoco la heroína. Es… lo que es.
También aparecen Envidia, Aburrimiento y Vergüenza. No tienen tanto tiempo en pantalla, pero aportan pequeñas joyas que enriquecen la historia. Una escena con Vergüenza casi me saca una lagrimita incómoda (y no solo a mí).
Riley creció, y nosotros con ella.
Lo más bonito de esta secuela es que no nos trata como si fuéramos los mismos. Ya no todo es blanco o negro. Ya no todo lo soluciona la Alegría. Y eso, en un mundo que insiste en que “hay que estar feliz”, se agradece.
Lo que podría mejorar
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Envidia y Vergüenza merecían más. Se sienten como personajes en pausa, como si Pixar nos estuviera dejando migajas para una tercera parte.
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El arco narrativo es predecible, sobre todo si viste el tráiler. Pero eso no impide que funcione. A veces no se trata de sorprender, sino de acompañar bien el viaje.
¿Entonces… verla o no?
Sí. Y en cine si podés.
Porque Intensamente 2 es más que una secuela. Es una carta emocional para los que están creciendo… otra vez. Para los que no sabían cómo nombrar lo que sentían. Para los que entendieron, años después, que la ansiedad no es una enemiga, sino una parte de nosotros que necesita espacio.
Es cine emocionalmente útil.
Y eso, en este mundo tan sobreestimulado, se agradece.
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