Glow Up: ¿arte, maquillaje o simple injusticia televisada?
He visto todas las temporadas de Glow Up. Todas. Y lo sigo viendo como si fuera la primera vez. No me aburre. Me emociona. Me inspira. Me da rabia. Todo al mismo tiempo.
Porque si algo me ha enseñado este reality británico de maquillaje es que el arte es relativo… y los jueces también.
Temporada 5: más Bridgerton, más drama, más glitter
En esta última entrega, Netflix soltó una temporada cargada de retos visualmente espectaculares: looks inspirados en Bridgerton, maquillajes para pasarela, sesiones editoriales y transformaciones imposibles con tiempo ridículo. Y aun así, los artistas lo dan todo. Literal.
La fórmula sigue siendo la misma: diez concursantes, un espacio de trabajo que parece laboratorio de alquimia y una presión que se siente hasta en la base del televisor.
Leomie Anderson, como presentadora, logra sostener el ritmo con su presencia fuerte y elegante. Y Val Garland y Dominic Skinner… bueno, hacen lo que saben hacer: elogiar, juzgar, y de vez en cuando, dejar a medio mundo preguntándose: ¿perdón? ¿eso ganó?
Lo que me sigue gustando (aunque ya me lo sepa)
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La creatividad de los participantes sigue siendo alucinante. No es maquillaje, es arte escénico en la cara.
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La edición mantiene el ritmo justo: ni muy TikTok ni muy documental.
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Hay una evolución técnica temporada tras temporada. Se nota que el show no se duerme.
Lo que me cuesta tragar (y no es la purpurina)
A veces siento que los retos están hechos para lucirse… y a veces solo para dejar confundido al espectador. El maquillaje es arte, sí. Pero también es subjetivo. Y eso explica por qué hay ganadores que uno ve y dice:
¿Esto fue lo mejor del grupo? ¿O estamos haciendo performance conceptual y nadie me avisó?
Además, si has visto todas las temporadas, sabés que el formato ya no sorprende. Las pruebas siguen una línea parecida, los discursos se repiten, y el dramatismo a veces parece más producido que espontáneo.
Pero aún así, acá sigo. Viéndolo como si fuera terapia visual.
¿Vale la pena ver Glow Up?
Sí. Siempre. Porque más allá del maquillaje, lo que ves es gente vulnerable, talentosa, bajo presión, haciendo magia.
Porque no necesitas ser beauty blogger ni artista plástico para conectar con lo que pasa cuando alguien pone el alma en su trabajo.
Y porque a veces, el reality no se trata de quién gana, sino de quién se supera. Y de quién sobrevive a una crítica de Val Garland sin llorar.
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