Accidente de Netflix: un drama que se estrella en los primeros 10 minutos
Uno pensaría que con un título como Accidente, la serie de Leonardo Padrón nos lanzaría directo al caos, al dolor, al vértigo narrativo de un suceso que cambia vidas. Pero no: el verdadero accidente… es la serie en sí.
La comencé con la expectativa justa: Padrón es un nombre fuerte, responsable de Pálpito, así que algo interesante debía venir. Pero bastaron diez minutos —sí, diez exactos— para que mi ceja levantada alcanzara niveles olímpicos de escepticismo.
Todo se derrumbó (como el saltarín inflable mal renderizado del primer acto). Esa escena, que supuestamente debía ser el anzuelo emocional de la serie, termina viéndose más falsa que lágrima de villano en final de telenovela. El efecto visual es tan tosco, tan amateur, que no sabes si reír o llamar a alguien para denunciar el CGI.
Y no, no es solo un problema técnico. Los diálogos cojean, los silencios no incomodan sino que aburren, y el drama se siente más impostado que genuino. Intentan agarrarte con la historia, pero todo huele a fórmula vencida: trauma, secretos, personajes clichés. Una telenovela disfrazada de thriller que no se decide si quiere ser profunda o viral.
Padrón ha demostrado antes que puede escribir historias que atrapan, pero en Accidente parece que se le fueron las luces… y el presupuesto. La ambientación no ayuda, el ritmo es errático, y la atmósfera que debería ser densa termina tan liviana que uno se siente viendo un sketch mal producido.
¿Vale la pena seguirla? No sabría decirte: yo no pasé del primer episodio. Pero si tú lograste sobrevivir al saltarín, al guion flojo y a la promesa rota… te leo.
¿Tú la viste? ¿Te enganchó o también sentiste que el verdadero “accidente” fue darle play?


