¿LOL Colombia 1, es un experimento divertido o solo otro reality colombiano que hace el ridículo?
Voy a ser honesto: no soy de programas de humor. Pero soy débil frente a un buen reality. Así que cuando me topé con LOL Colombia, decidí darle una oportunidad. Comediantes profesionales encerrados en una casa, tratando de hacer reír a los demás sin reírse ellos mismos.
En teoría, suena como oro en televisión. En la práctica, es… otra cosa.
Lo que casi funciona
Sí, hubo momentos que rescato. Algunos comediantes entendieron la tarea. Karen Sevillano (porque Karen siempre cumple), Don Jediondo, Bola Ocho, Diana Belmonte y Cony Camelo lograron soltar unas risas sinceras en medio del caos forzado. Hay que reconocerles el esfuerzo: hicieron lo que pudieron con lo que les dieron.
Y la idea base del programa no es mala. El formato original (japonés y luego mexicano) funciona en otros países. El problema no es el concepto. Es la ejecución.
Lo que no da risa (aunque lo intenta demasiado)
La mayor parte del programa se apoya en humor explícito: juguetes sexuales, gritos, groserías, cosas escatológicas. Lo que al principio puede parecer “atrevido” o disruptivo, rápidamente se convierte en un loop agotador.
Cuando todo es “shock”, ya nada sorprende.
Y luego está el presentador. Don Armando, con una sobreactuación que haría sonrojar a un actor de radionovela. Cada intervención suena ensayada, exagerada, casi caricaturesca. En un formato que depende del ritmo y de la autenticidad, su estilo solo entorpece.
¿Vale la pena?
Depende. Si te gusta el humor explícito sin pausa, puede que encuentres momentos que te diviertan. Pero si buscás una comedia que juegue con la inteligencia, el absurdo o el timing… esto no es.
LOL Colombia es como una fiesta donde todos intentan ser el alma del evento, pero nadie se da cuenta de que el chiste ya se acabó hace rato.
Una idea buena, una ejecución regular y una dirección que parece no saber cuándo parar. Termina en un empate sin emoción, como si hasta el programa se rindiera.
Y eso dice mucho.
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