Viejos: cuando envejecer se vuelve una pesadilla en tiempo real
Viejos (Old, en inglés) es de esas películas que no te esperas. O mejor dicho, que sí te esperas… pero igual te incomodan. Porque desde los primeros minutos sabes que algo va a salir mal, y aun así te quedas mirando, incapaz de apartar los ojos. La premisa es brutal: una playa donde el tiempo pasa tan rápido que la gente envejece en cuestión de horas. Y no es metáfora.
Recientemente añadida a Netflix, esta cinta de M. Night Shyamalan vuelve a mostrar ese tipo de horror que no necesita monstruos para asustar. Acá, el verdadero villano es algo que todos compartimos: el tiempo.
Lo que funciona
Gael García Bernal y Vicky Krieps logran transmitir angustia real. No sobreactúan, no exageran. Simplemente se entregan al caos de la situación. Y lo mismo con los niños que interpretan a los hermanos Cappa: sus transiciones —físicas y emocionales— son creíbles, duras y, en ciertos momentos, desgarradoras.
El maquillaje y los efectos prácticos merecen mención aparte. Envejecer en cámara nunca se había sentido tan tangible ni tan violento. A cada minuto, algo cambia en los cuerpos, en las expresiones, en la forma de hablar. Todo te hace sentir que estás atrapado ahí con ellos.
La dirección, como es costumbre en Shyamalan, apuesta más por el suspenso psicológico que por el susto fácil. Y lo logra. Hay algo incómodo en la forma en que está filmada esta película. Te aprieta el pecho sin decirte por qué. Y cuando te das cuenta… ya estás atrapado.
Lo que se queda corto
El final, como suele pasar con Shyamalan, es discutible. No arruina la experiencia, pero sí la desinfla un poco. Después de tanta tensión, uno espera un cierre que golpee más fuerte. Pero en lugar de eso, se siente como si hubieran elegido la salida fácil. Explican más de lo necesario y se pierde parte del misterio que tan bien habían construido.
No es que sea un mal final. Solo que no está a la altura de lo que vino antes.
¿Vale la pena verla?
Sí. Viejos no es una película perfecta, pero es original, inquietante y visualmente potente. Es de esas historias que te dejan pensando. Porque más allá del suspenso, hay una pregunta que queda flotando: ¿qué harías si el tiempo se te fuera de las manos?
Una hora y media después, puede que no salgas con miedo… pero sí con ansiedad existencial. Y eso, en el cine, también vale.


